LowFlow no comenzó como una empresa, una infraestructura o un ecosistema completo.
Al principio, solo quería construir mi propio diario de trading.
Quería algo que realmente correspondiera a mi forma de trabajar.
No solo una página donde ingresar un resultado al final del día.
Quería poder encontrar mis operaciones, entender qué había pasado durante una sesión, conservar mis notas y comenzar a construir un historial que realmente me perteneciera.
Y ya había una idea importante detrás de todo esto: el trader debía mantener el control.
Mis datos debían seguir siendo mis datos
Desde muy temprano, no quería construir un diario donde todos los datos del trader tuvieran que enviarse obligatoriamente a un servicio externo.
Las operaciones le pertenecen al trader.
Sus capturas de pantalla le pertenecen.
Sus notas le pertenecen.
Su historial le pertenece.
Entonces quise ir en la dirección contraria: construir algo alrededor del trader y de su propia computadora.
El software podía organizar los datos, analizarlos y hacerlos útiles. Pero el trader debía seguir siendo dueño de su entorno.
Esta idea se volvería mucho más importante después. En ese momento, todavía no sabía hasta dónde me llevaría.
Un diario que debía servir antes, durante y después del trading
No solo quería saber cuánto había ganado o perdido. Quería entender cómo había llegado a ese resultado.
¿Qué había planeado antes de la sesión?
¿Qué operaciones había tomado?
¿Por qué había entrado?
¿Había respetado mi plan?
¿Cómo había sido mi ejecución?
¿Qué había visto en el gráfico?
¿Y qué podría aprender de ese día más adelante?
El diario debía entonces reunir progresivamente varias piezas del proceso del trader.
La preparación.
La ejecución.
Las notas.
Los resultados.
Las capturas.
El análisis.
La idea era simple: cuando volviera a revisar un día de trading, quería poder encontrar su historia. No solo una cifra.
El Trader Elige
Con el tiempo, esta filosofía terminaría teniendo un nombre muy simple: El Trader Elige.
El software da las herramientas. Pero el trader decide.
Él elige qué quiere analizar.
Él elige sus cuentas.
Él elige sus datos.
Él elige cómo organiza su entorno.
Él elige qué quiere conservar.
Hoy, este principio existe en muchísimas partes de LowFlow. Pero al principio no era un eslogan. Era simplemente la forma en que quería construir mi propio diario.
Y entonces el diario empezó a crecer
Como muchos proyectos, LowFlow podría haber seguido siendo algo muy simple. Pero en cuanto el primer diario empezó a ser utilizable, algo se volvió evidente: cada respuesta creaba una nueva pregunta.
Registrar las operaciones era una cosa. Analizarlas correctamente era otra. Agregar capturas traía nuevos problemas. Conservar más datos traía aún más.
Y muy rápidamente, lo que debía ser un pequeño diario empezó a convertirse en otra cosa.
Próximo episodio →
El prototipo: cuando el diario se convirtió en una herramienta real.
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